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30 de abril 2018.- El “Día del Trabajador” tiene este año un significado que va más allá de los problemas de la cotidianidad. La situación actual nos habla de variaciones que pasan de lo formal y que pone al descubierto que existe una tendencia a la inercia en los movimientos sociales y en toda la realización humana. La resistencia pacífica tiene antecedentes y tal parece ser el camino a seguir.

 

Basta tomar en consideración uno de los mayores problemas que afecta a los/as trabajadores/as. Nos referimos a la explotación económica que pese a los discursos, conceptos, objetivos y métodos de actuación no ha sido superada y en el horizonte no se observan posibilidades firmes de generar nuevas respuestas a una situación que tiende a ser intolerable.

 

Ante esa realidad, la Asociación Nacional de Periodistas del Perú, matriz histórica del gremio de la prensa, que en julio próximo cumplirá 90 años de permanente lucha por encontrar mejores condiciones sociales y económicas para quienes tienen responsabilidad de informar, considera que lo señalado no cambiará en tanto se mantenga la capacidad de decisión en la sociedad actual. Bien se sabe que en ella tal capacidad de decisión se reparte en forma piramidal, no se acepta que dentro de los márgenes de una auténtica democracia esta sea horizontal e igualitaria. El poder de decisión, está concentrado y jerarquizado en los centros de poder tradicionales.

 

Sin embargo, el pesimismo no nos puede embargar. La ANP es una organización con capacidad de respuesta y de propuesta. La insatisfacción, el descontento con el sistema, no pueden constituirse en barreras infranqueables para la aspiración de cambio, de acción, para el avance personal y colectivo de los/as trabajadores/as de prensa. Por eso, en esta hora de reflexión llevada por la noble voluntad de aportar ideas y trabajo para una sociedad futura, reitera que la fatiga no la vencerá. Por el contrario, la ANP mantendrá la misma mística que le dio vida, aquella que le aportaron sus fundadores y, por eso reitera, con un abrazo fraterno, ante los y las periodistas de la capital y, sobre todo, de las provincias del interior del país, con frecuencia olvidados y marginados, que será incansable para construir tal sociedad futura, para responder al conjunto de problemas de la actual sociedad y para recoger el conjunto de las aspiraciones de una vida más justa y más digna, que es lo que reclama la clase trabajadora del país.

 

Los/as trabajadores/as de la prensa no debemos olvidar que los actuales niveles de discriminación y marginación en que vive la mayoría de trabajadores/as no es solo fruto del maquiavelismo del sistema. Y que frente a ello debemos anteponer en nuestra condición de comunicadores, el conocimiento y la información porque constituyen la fuente de libertad, de verdad y de capacidad para derrotar la inercia a la que nos está llevando la irreflexión y la ausencia de participación en el debate de la problemática económica y social de la nación.

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